viernes, 26 de marzo de 2010

La mano del muerto (o cómo la paranoia a veces tiene fundamentos).

Capítulo 3 – La mano del muerto (o cómo la paranoia a veces tiene fundamentos).

Deadwood, EEUU, Agosto 2 1876 – En el póker al par de ases y de ochos negros se le llama la mano del muerto, con justa razón. Era la combinación de cartas que tenía Wild Bill Hickok en la última partida de su vida. Hay maneras de dejar el vicio, pero la de Wild Bill es de las más efectivas, aunque quizás sea de las menos recomendables y la más entalinga chacha.

http://www.freewebs.com/sheriff-black-jack/Outlaws/Wild_Bill_Hickok_1837-1876.jpg (Foto de Wild Bill Hickok)

Supongo que esta historia inspiró al Rocky Racoon de los Beatles (al que, según cuentan, le pasó algo similar en el mismo territorio que al viejo Wild Bill) o al Jimmy Ringo de la película The Gunfighter (1950), con Gregory Peck, que a su vez inspirtó esa canción de Bob Dylan y Sam Sheperd llamada Brownsville girl.
Wild Bill Hickok era una leyenda viva en su tiempo, pistolero y explorador famoso, Marshall ocasional, mató a varios (de testículos y no ovarios) en duelos limpios, desenfundar y disparar, fernte a frente, haciendo felices a sepultureros de pueblos.

Dicen que en su mocedad se dejó crecer el bigote para dejar de ser llamado Pato Bill (Duck Bill… ¿Hickory, dickory duck?) -por su alargado labio superior- y comenzar a ser llamado Salvaje Bill (Wild Bill).

Coincidió más de una ocasión con otro famoso Bill, Buffalo Bill, y tenía una gran debilidad por el póker.
Wild Bill tenía 39 de edad y, dicen, que un presentimiento de que el pueblo de Deadwood le sería funesto.

Cuando jugaba, Hickok tenía una paranóica regla: jamás sentarse en la mesa de juego dando la espalda a la puerta del lugar. Procuró estar siempre sentado con una pared detrás. Algo justificable en un famoso pistolero.

Hay quien dice que el dos de agosto de 1876 Wild Bill llegó tarde a la mesa de juego en el Nuttal & Mann’s Saloon de Deadwood, y el único lugar disponible era un asiento que daba la espalda a la puerta. Fugazmente la frase “entalinga chacha” pudo haber pasado por la mente de Hickok, y por eso pidió a uno de los jugadores que estaba de espaldas a la pared que le intercambiara el lugar. El otro, muy probablemente con un lenguaje florido de verdulero, mando verbalemente lejos al pistolero y se negó a la solicitud.

Wild Bill se sentó, para descubrir que tenía mala racha en esa ocasión, “entalinga chacha” pudo pensar de nuevo, y mientras veía sus cartas, un par de ochos y un par de ases negros, al saloon entró John “Broken Nose” McCall, quien mientras desenfundó gritó: “¡Toma ésto!” y disparó al Wild Bill que encontró de espaldas.

Hickok fue muerto por una bala que recibió en su cabeza, y no le dio tiempo de decir nada. Dicen que Calamity Jane quiso linchar al asesino, pero McCall fue enjuiciado y colgado un año después. Mientras le ponían la poco elegante corbata que lo haría danzar un poco en el aire sólo pudo haber pensado: “entalinga chacha” antes de entregar su alma al Creador.

Mob Tomas

miércoles, 24 de marzo de 2010

Johnson y Willard

EEUU. Principios del siglo XX- El país aún olía a campos de algodón trabajados con esclavos, al menos el racismo no era lo de menos sino lo de más. Jess Willard, excampeón de box. Retirado y feliz. Blanco y reclamado, tenía que regresar al ring; pues ese Jack Johnson, tan negro, tan bueno en el cuadrilátero, tan insolente y fanfarrón, era demasiado para los blancos de EEUU de principios del siglo XX. “Negro malo negro malo” ¿Qué se creía Johnson?, ¿humano? Tan bravucón, tan invencible. Y esos negros por todo el país, alebrestándose al ver que uno de ellos tenía el descaro y desfachatez de ser bueno en el box. Llamaron a Willard, la 'última esperanza blanca' y le hicieron dejar su granja. El dinero fue un buen anzuelo. Y Willard hizo su regreso para una estelar y espectacular pelea, que en realidad fue más una carnicería. El poder oscuro aplastó al la desteñida esperanza. Willard terminó masacrado junto a las cuerdas (mira la foto al final del escrito, no sonrió, no miró al pajarito). Seguramente entre tanto golpe y tratando de recobrar la memoria, Willard pensó:"¡entalinga chacha!". Johnson siguió siendo campeón, por un rato. Tras su victoria se recrudecieron los ataques del KuKluxKlan, los negros tenían que pagar, las osadías no pasan inadvertidas, hay que preservar el status quo, aunque sea de una primitivez pasmosa, al menos eso pensaron los blanquillos sin ídem. Johnson porsperó, abriendo antros y viviendo la vida loca. El gobierno le echó el guante encima a Jack, años después, por un tecnicismo legal (no era delito regentear prostitutas, pero sí lo era que una de ellas trabajara en más de un estado de la unión, y eso fue lo que una de las chicas de Johnson declaró). La ilegalidad de los leguleyos, años antes del juicio del Huracán Carter. Era prisión o exilio para el campeón Johnson. Cuando Jack tuvo que irse de los EEUU, con rumbo lejano y terminar siendo años después el artífice secundario de la caída de Joe Louis (el Brown Bomber), seguro abordó el barco, que no era de oro, pero que sí lo esperaba para llevarlo a Nuncavuelvas, pensando muy dentro de sí: "¡entalinga chacha!". Johnson terminó lejos, lleno de resentimiento. Los negros en EEUU aún pasaron años de segregación (la cual dudo que haya desaparecido totalmente en el siglo XXI) pero desde entonces ha habido más de un campeón de piel oscura en los pesos pesados del box.
Mob Tomas
Foto de la caída de Jess Willard, cuando probablemente pensó lo que dije que dijo en:

Entalinga chacha

La primera, y hasta el momento más nueva, expresión inhumana. "Entalinga chacha". La humanidad es inhumana por naturaleza. O los sentimientos nobles que llamamos humanos no corresponden a la humanidad. Momentos de historia, desde Adán y Eva, pasando por César, pilatos y Lindberg, Joe Jackson, Michael Jackson y Jesse James, James Dean, Dean Martin y San Martín de Porres, Mike Tyson, Mick Jagger y Mickey Mouse. Entalinga chacha.

En un lugar del Paraíso, al inicio de los tiempos - Estaba la serpiente en el paraíso, arrastrándose con sinuosidad y silencio. No había muchos ruidos y sólo se escuchaba de lejos a Adán llamando a un león como solía llamar a todos los felinos ("bshhhh bshhhh bshhhhh"). No había pecados, templos, abogados ni prostitutas, así que la profesión más antigua puede ser la de domador, o quizás la de llamador de felinos. La serpiente siguió su camino, de repente tuvo una visión: de manera simultánea vislumbró todos los momentos cruciales y críticos de la historia, todo lo que se desataría si los seres humanos comían del fruto prohibido, y fue lo que la decidió. Sólo dijo: "Entalinga chacha", y fue a buscar a Eva para platicar con ella. La serpiente no pudo resistir la tentación, y Eva tampoco lo logró. Adán sólo fue solidario, a su manera.
Mob Tomas

Capítulo primero de Entalinga Chacha